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En
Marzo de 1519, Hernán Cortes trajo de Cuba once corceles
machos y cinco yeguas, más un potro que nació durante
la travesía, a las costas de Tabasco para la conquista del
imperio azteca. Participaron en célebres batallas causando
asombro y terror entre los nativos, quienes creyeron que el caballo
y caballero eran uno mismo, como una bestia mitológica.
Resultaron
muy eficaces ya que gracias a ellos ganaron muchas batallas. Esto
desempeñó un papel relevante en la Conquista. No en
vano, en una de las cartas de relación que Cortes le dirigió
al rey Don Carlos, dijo textualmente: "Después de Dios,
nuestra única seguridad eran los caballos".
Esto
constituyó un retorno a su lugar de origen, porque la primera
raza equina, que inicialmente era de reducidas dimensiones, surgió
en América del Norte y más tarde emigró a Asia
y de ahí a Europa, cruzando el Estrecho de Behring, para
regresar en la forma que hemos mencionado millones de años
después.
Sin
embargo, algunos de ellos perdieron la vida en la retirada de la
"Noche Triste", el 30 de junio de 1520. Los corceles sobrevivientes,
junto con otros que llegaron en la expedición de Pánfilo
Narváez, fueron el origen de la población equina que
habría de encontrar un arraigo tan importante en nuestro
país.
A partir
de entonces, el caballo cobró una importancia enorme y la
siguió teniendo en el primer siglo de nuestra vida independiente,
con el prestigiado caballo "criollo" descendiente directo
de los primeros caballos españoles. Esta raza criolla se
multiplicó rápidamente y presto sus nobles servicios
tanto en el ámbito urbano como en el rural.
A
esto debemos agregar la introducción del carruaje. Sea como
fuere, a partir de la llegada del caballo y del carruaje se agilizó
y humanizó significativamente el transporte de personas y
mercancías.
Es
importante mencionar la participación del caballo en los
vistosos "torneos" de cintas y de cañas, imprescindibles
en la celebración de cualquier acontecimiento importante,
que algunas veces incluía además un desfile de carros
alegóricos.
Después,
al estallar en México el movimiento armado de 1910, aunque
ya había hecho su impresionante aparición el ferrocarril
para propiciar la movilización masiva de las tropas, los
corceles desempeñaron un papel fundamental. Lamentablemente,
esos diez años de convulsión ocasionaron una devastadora
mortandad de los nobles caballos criollos, pues los caballos eran
lo primero que se llevaban los revolucionarios de los distintos
bandos, al atravesar un pueblo o una ranchería, para utilizarlos
en los campos de combate.
Este
fue el motivo por el cual el corcel criollo estuvo casi extinto.
Por lo que a partir de 1920, terminado el movimiento armado, vino
a sustituirlo en gran medida el caballo de origen estadounidense
conocido como cuarto de milla, resultante de la cruza de sementales
ingleses pura sangre con las manadas salvajes de caballos mustang,
convirtiéndose en la población equina mayoritaria
de nuestro país y dejando a México sin un caballo
con identidad propia.
Fue
hasta 1969 con la visionaria idea de un gran caballista, Don Antonio
Ariza Cañadilla, de que México tuviera, al fin, una
raza equina propia, como la tienen los países árabes,
España, Inglaterra, Estados Unidos y otros más.
Se
empezaron a definir las características que debía
reunir esa raza equina destinada en primer término para satisfacer
plenamente los requerimientos del deporte nacional por excelencia
(la charrería): una alzada cómoda, un caballo rápido,
fuerza, temperamento adecuado, noble y buena estampa. Grandes caballistas
mexicanos, con el apoyo de expertos en zootecnia y genética
analizaron diversas opciones de cruzamiento y se consideró
que aquel valiosos intento debía iniciarse cruzando caballos
andaluces de pura sangre y yeguas cuarto de milla. El semental andaluz
por su gran estampa, aires especiales, espectaculares movimientos
y singular belleza y la yegua cuarto de milla con fuerza y versatilidad.
Ver Tabla de
Cruzamiento del caballo de Raza Azteca
Ver Registro Oficial del Caballo de Raza
Azteca
La
cruza y entrecruza de estas razas da origen al caballo Mexicano
ó como mejor se le conoce, caballo "Azteca". El
pueblo mismo nombró esta raza equina "Raza Azteca".
En las diversas etapas de cruzamiento, los caballos se fueron clasificando
en tipos F, D, C y B, hasta llegar a los ejemplares "Azteca
A", que ya pueden cruzarse entre sí, para afinar e incrementar
la nueva raza, de la cual podemos hablar con orgullo después
de un esfuerzo tan perseverante.
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