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Sólo
los mejores son preparados a través de un cuidadoso entrenamiento
gimnástico de toda su musculatura, hasta alcanzar la capacidad
de ejecutar, en perfecto equilibrio, los más difíciles
ejercicios, pero siempre en consonancia con su forma natural de
desarrollar los aires. Hasta alcanzar el grado de "Alta Escuela"
en la "Universidad de la Doma".
Comenzamos
por educar al animal para que realicé bien los movimientos
naturales: paso, trote y galope es lo único que exigimos
a los potros. Evolucionando en torno al entrenador y atado a una
cuerda, el corcel aprende a caminar, trotar (se le enseña
pasos de costados con una vara, trote reunido y trote de extensión)
y galopar cada vez con mayor gracia.
Es lo que se conoce como "el picadero". Luego se le enseña
a aceptar la silla y se le acostumbra a llevar montado al jinete
y a obedecerlo.
Lograda esa primera etapa, el caballo aprende la doma de Alta Escuela,
para ejecutar suertes que van más allá de sus movimientos
naturales, es decir, lo que se ha denominado como Ballet ecuestre,
y que forma parte de nuestro espectáculo
montado sobre coreografía.
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